martes, 20 de noviembre de 2012

Razón vs Corazón



Son muchas las ocasiones en que nos encontramos en la encrucijada de a quién escuchar: si lo que dicta tu mente, o tu voz interior. Es mucho más complejo cuando es por cuestiones de amor, donde involucras sentimientos, recuerdos, pero sobre todo tu corazón. Muchas veces, cuando se está enamorado, dejamos pasar los errores y las equivocaciones, si bien es cierto nadie es perfecto, pero cuando se ama de verdad tratamos de dar siempre lo mejor de nosotros mismos, de hacerle sentir al ser amado todo aquello que por él sentimos.
Pero hay ocasiones, en que nuestros errores causan heridas tan profundas, que quedan guardadas en nuestro subconsciente y que con el tiempo pasan a formar parte de lo que algún día serán también los llamados recuerdos. Hay recuerdos de todos los matices: tristes, alegres, chistosos, dolorosos... Momentos que hemos pasado, que en el momento nos hicieron sentir de tal manera, y que conforme va pasando el tiempo, vamos perdonando u olvidando. En muchas ocasiones, vamos agujerando más y más nuestro corazón.
Cuando ha habido tanto dolor, decepción y sufrimiento, el corazón -aún con cientos de heridas- empieza poco a poco a cicatrizar, y a pesar de que llegue algún día a sanar, las huellas y marcas que quedan nunca se borrarán, y es precisamente ahí cuando entra la razón y comienza ese conflicto interno de no saber a quién escuchar. El ser humano tiene la capacidad de perdonar, pero aunque perdonemos, no olvidamos. El que dice que el que perdona de verdad, olvida, miente. Las heridas que alguna vez nos causaron nos marcan de tal manera que nos hacen cambiar el modo de ver las cosas.
Algunos optan por huir de sus sentimientos, otros, se arriesgan a intentarlo pero ya no dan todo de sí por miedo a volver a salir lastimados. Lo cierto es que no sabemos qué pasará. Cuando amamos, sufrimos, reímos, es un riesgo que corremos porque no sabemos si seremos correspondidos de la misma manera, no sabemos qué pasará, no sabemos con qué intensidad la otra persona nos querrá. Y cuando es esa misma persona que tanto amas, la que un día te hizo tanto daño, es aún más confuso.
La razón te dice:
"Acuérdate de lo que te hizo, acuérdate de las lágrimas que derramaste, acuérdate de los malos ratos que pasaste, acuérdate del sufrimiento que te causó a ti, tus amigos y tus padres". Eso no es amor, porque quien ama no lastima, no hiere, no hace daño. Pero luego, el corazón empieza a acelerarse y levantarse y te dice: "inténtalo por ese amor tan grande, esta vez será diferente, ya han madurado, harán lo posible por no cometer los mismos errores porque ustedes han demostrado que este amor no es en vano.”
Y sientes que si bien es cierto, podrá haber miles de personas que pudieran hacerte feliz, hay sólo una persona que ha logrado despertar en ti sentimientos que nunca antes sabías que existían, y es esa misma persona que un día te hizo sufrir. Es entonces cuando empieza la lucha entre el corazón y la razón. La razón trata de hacerte entender, que si en ese entonces, las cosas no funcionaron, fue por algo. Quizás, esa no es la persona para ti, quizás mañana vendrá la persona que te haga feliz y te darás cuenta que todo el sufrimiento que alguna vez pasaste, valió la pena para alejarte de esa persona que creíste alguna vez amar, para que ahora puedas disfrutar de tu verdadero amor.
Pero hay algo que la razón no entiende, y es que el corazón a pesar de todos los golpes que algún día recibió, tiene cierta intuición, y es por eso por lo que tanto aclama y te ruega que le des otra oportunidad, porque muy en el fondo sabe que nunca volverá a amar a nadie como a esa persona por la que está dispuesta a arriesgarse a que le cause una herida más.
Dicen que el tiempo lo cura todo, pero cuando ya ha pasado un tiempo considerable, y las cosas en tu vida empiezan a mejorar...
Cuando crees que ya lograste olvidar a esa persona, y que si la ves simplemente sentirás un cariño por los recuerdos de aquellos momentos que te hicieron enamorar, el corazón te traiciona y el tiempo pasa a ser tan sólo un instante. Y es cuando te das cuenta de que el corazón tiene razón, porque todo el tiempo que aquella persona estuvo lejos de ti, se congeló en el espacio y aunque hayan pasado días, semanas, o años, tu corazón sigue amando con todas las fuerzas a ese ser tan especial.
Y es aquel mismo corazón que un día sentiste que lo hicieron pedazos, el que te dice “no importa, aún con estos pedazos, lo sigues amando, yo estoy dispuesto a intentar” La razón siempre intentará evitar que sientas dolor. Pero es esa la única manera que tenemos para darnos cuenta de qué sentimos. Lastimosamente, necesitamos de momentos tristes, para disfrutar de los momentos alegres; necesitamos de lágrimas y dolor, para valorar la risa y el amor; necesitamos de momentos difíciles, y de perder, aunque sea por un tiempo, al ser amado; para aprender a valorarlo, y darnos cuenta de la importancia de su presencia.
Y es entonces, cuando la razón pierde contra el corazón al darse cuenta que si no lo intentas, siempre tendrás la espinita del “qué hubiera pasado”; y si intentándolo, y aun así, las cosas no resultan, la gente te dirá “te lo dije”, quizás hasta tú mismo te reproches y digas “por qué no escuché lo que me dictaba la cabeza”; pero tu corazón, aún con lágrimas y nuevamente destrozado te dirá “ánimo, al menos lo intentaste, ahora sí puedo volver a dormir hasta sanar” y solamente ahí, será el corazón quien le diga a la razón “tenías razón, fui yo quien estaba en un error”.
Y la razón, sabiendo el dolor del corazón, no se lo reprochará, simplemente le dirá “tú escogiste arriesgarte, tú escogiste intentarlo una vez más, pero tranquilo, no sé cuándo, pero las heridas sanarán y algún día llegará aquella persona que te mencioné tiempo atrás".
Pero, si el corazón sale victorioso, al saber que su decisión fue la acertada, bromeará con la razón y le dirá “qué bueno que no te escuché, porque si lo hubiese hecho hubiera perdido la oportunidad de ser realmente feliz” y será precisamente en ese momento en que ambos entenderán que la vida no tendría el mismo significado ni valor, si no supiéramos qué es sentir. Y es que es con la cabeza que aprendemos a diferenciar los sentimientos que denota un corazón, ya que es con sus alegrías y tristezas que la razón interpreta aquello que siente el corazón y que nosotros llamamos amor.



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